El asesinato de un niño de 11 años en medio de una pelea entre dos grupos de bandas narco hizo estallar nuevamente el miedo y la furia en Rosario. Mientras las autoridades nacionales no saben qué hacer con el baño de sangre que se registra en esa ciudad, familiares y allegados de la víctima, hartos de la indiferencia de los funcionarios, terminaron destruyendo cinco puntos de comercialización de sustancias.

El domingo por la tarde, Máximo Gerez (11 años) se disponía a volver a su casa después de haber participado en un cumpleaños. Junto a sus amigos, se detuvo a comprar golosinas. De pronto, un vehículo ocupado por varias personas abrió fuego contra la propiedad de un transa. Una bala impactó en el pecho del niño, provocándole la muerte de manera inmediata. También fueron alcanzados por los proyectiles otros tres pequeños (uno de ellos de apenas dos años) que se encuentran en grave estado.

La mortal balacera se registró en el barrio Empalme Graneros, uno de los sectores de tierra rosarina que está cubierta de sangre por la disputa territorial. “Se trata de una pelea entre pequeños vendedores al menudeo que tienen sus puntos de venta en viviendas separadas por una cancha de fútbol. Por un lado, hasta hace un tiempo la referencia era Cristina “La Gringa” Fernández, que fue asesinada a balazos el 30 de julio pasado. Por otro lado, aparece Cristian “El Salteño” Villazón. Desde hace más de dos años que ambos grupos se enfrentan a balazos limpios para definir el territorio donde venderán drogas.

Pueblada

Máximo fue velado ayer en el complejo deportivo Los Pumitas, el club donde jugaban a la pelota. Centenares de personas, especialmente integrantes de la comunidad Qom a la que pertenecía, fueron a darle el último adiós. En medio del velorio sucedió lo impensado. Decenas de deudos decidieron ir a buscar al “Salteño” para hacer justicia por mano propia.

“Del olvido vienen y hacia el olvido irían si no fuera por quienes se dignan a trabajar por la vida de estos chicos y honrar su memoria cuando son asesinados. Máximo pertenecía a la comunidad Qom, jugaba al fútbol en Los Pumas, iba a la Escuela Bilingüe 1.344 ‘Cacique Taigoyé’. En su caso fueron varias decenas de personas las que se acercaron al club. Había tantos docentes como pibitos y vecinos que marcaban una distancia prudente del féretro, rodeado por los allegados más cercanos y el cacique que oraba en la lengua originaria bajo una cruz cristiana, muestra del sincretismo que describe la historia de un continente”, describió el periodista Martín Stoianovich en una nota publicada en el diario “La Capital”.

Con el correr de las horas, los deudos fueron apuntando todas sus sospechas sobre “El Salteño”. Nadie sabe cómo y cuándo, pero lo único cierto es que fueron decididos a buscar al señalado como responsable del mortal ataque. Un numeroso grupo se presentó en la casa del supuesto transa. Desde el techo de su vivienda, el hombre que espera ser enjuiciado por un triple homicidio, los amenazó. Eso fue suficiente para que se desatara la locura generalizada.

Los manifestantes ingresaron al domicilio y detuvieron al sospechoso, un joven y tres mujeres. Antes lo habían golpeado salvajemente. Los policías llegaron cuando todo había pasado. Lo único que atinaron a hacer fue dispersar a las personas que habían destruido la casa y robado absolutamente todo. Varios, entre ellos el padre de la víctima, fueron alcanzados por perdigones. En total, fueron cinco los centros de venta de drogas que destruyeron los vecinos.

“Reaccionamos así por mi sobrino. Amenazaron a mi hermana, que está en el hospital. El señor [por el Salteño] fue a amenazar a Margarita [madre de Máximo]. Yo estoy jugada. Cuando todo termine, a nosotros nos van a cagar a tiros, ya lo sabemos”, dijo Laura, tía de Máximo al canal de noticias TN.

Dura realidad

En su edición online, “La Capital” publicó que en lo que va del año ya fueron asesinados cuatro menores de edad en el departamento Rosario. Cifra que se suma a las 33 víctimas fatales de entre 0 a 18 años que hubo durante 2022, de los cuales 29 fueron a balazos y 26 en contextos de narcocriminalidad. Todos vivían en los barrios de la periferia, donde la pelea por el dominio territorial por la venta de droga ya forma parte de la vida de sus habitantes.

“La presencia de niños era generalmente un obstáculo o un código para evitar este tipo de ataques, hoy ya no. Se corrieron todos los límites”, explicó el fiscal Adrían Spelta. “Evidentemente hay un conflicto con una banda particular en ese punto neurálgico de la ciudad, un conflicto que desencadenó una balacera y que ya no tiene límites”, enfatizó.